Las 7 Ideas de Eduard Castro para Recordar que Todo se Entrena

SIETE IDEAS PARA RECORDAR QUE TODO SE ENTRENA

La tarea y el reto que supone entrenar favorece el aprendizaje diario y el crecimiento en todos sentidos. En este artículo me gustaría exponer 7 parejas de conceptos que personalmente me sirven para mejorar y para replantear hábitos e inercias en el entrenamiento.

1. Preparamos o improvisamos?

Entrenar es un acto de reflexión constante. A menudo, el bagaje profesional nos hace caer en dinámicas reiterativas y dificulta el hecho de cuestionar a diario  la metodología de entrenamiento. En el fondo, acaba arraigando la sensación que todo el mundo prepara y que nadie improvisa. Ciertamente, la improvisación se debe dejar para momentos puntuales y intuitivos de la competición. Suelo pensar que quiero ser imprescindible en los entrenamientos para luego ser prescindible en los partidos. Son los jugadores los que toman más decisiones y por lo tanto también son los que al final improvisan más. Una improvisación bien entendida, obviamente, porque es el entrenamiento el trampolín para adquirir las herramientas y los recursos tácticos y técnicos que queremos ejecutar durante el partido. Pensamos, reflexionamos y siempre compartimos ideas. Sin dogmatismo, con una mentalidad siempre abierta y predispuesta a la mejora.

2. Jugamos o competimos?

La esencia del deporte, más allá del resultadismo, arrastra una voluntad intrínseca de divertirse. El entrenamiento debe comportar un disfrute. Debe divertir, debe romper esquemas mentales aprendidos y no dejar nunca de sorprender. El entrenamiento debe ser un universo de motivación permanente que permita, posteriormente, alcanzar objetivos concretos. Tenemos un compromiso con la diversidad como ideólogos de una pasión que queremos transmitir: aprender a jugar. En mayúsculas. Y a jugar se aprende jugando. Y la esencia del juego, en gran medida, es divertirse. Diseñemos, pues, sesiones amenas y originales. No nos quedamos con los 4 ejercicios recurrentes y típicos. Aburriremos y nos aburriremos nosotros mismos. Esto no excluye en ningún caso el factor esencial del deporte de competición: alcanzar objetivos cuantitativos y ganar.

3. Trabajamos o practicamos?

Uno de los pilares fundamentales del deporte es el de la cultura del esfuerzo. De la perseverancia y de la fidelidad a unas ideas y una metodología siempre estimulante y motivadora que permita conseguir los retos planteados. Ahora bien, es en el ensayo-error donde encontramos los parámetros que nos permiten avanzar y no meramente en un concepto de trabajo entendido como modus vivendi. Ser profesional es una vocación. No se trata de “vivir de esto” sino de “vivir para esto”. Dignificar la tarea de entrenar a través de la búsqueda constante de soluciones pedagógicas enmarcada en el replanteo constante de la propia metodología, del lenguaje y, en definitiva, de una dinámica de ensayo-error que desemboca en la mejora y en el aprendizaje diario. Quizás es una cuestión semántica sólo pero prefiero decir que practicamos o ensayamos conceptos. No los trabajamos. No nos obliga  nadie a hacer lo que ya nos apasiona.

4. Holísticos o analíticos?

Entrenamos con personas y no a personas. Los jugadores no son pasivos en la sesión sino activos. No reciben un diseño al que deben adaptarse sino que lo hacen evolucionar y lo dotan de sentido. El entrenamiento nunca es unidireccional. Es una ida y venida constante de conceptos y de métodos prácticos entre la plantilla y el cuerpo técnico. Debemos rehuir la robotización. Debemos proponer pautas de toma de decisiones en función de estímulos que no sean únicamente los de la voz del entrenador dando órdenes. Se trata, también, de dar poder al jugador y de hacerlo partícipe en la toma de decisiones para que asuma sus propias responsabilidades. Un jugador, que más allá de una máquina de rendimiento, es persona y arrastra una carga emotiva que se debe saber gestionar diariamente. El grado de proximidad es importante para favorecer un clima positivo. El jugador necesita sentirse motivado, recompensado y espoleado.

5. Imponemos o sugerimos? Este punto es uno de los ejes principales que a nivel personal atribuyo al hecho de ser entrenador. La vocación de entrenar es una actividad pedagógica conectada directamente con constantes actos comunicativos donde no hay dogmas sino puntos de vista. Ser entrenador no significa estar en posesión de la verdad absoluta porque jerárquicamente hay un colectivo que nos debe obedecer. Considero que el entrenador debe tener un compromiso con la libertad de pensamiento. Me gusta pensar que los jugadores a los que entreno se sienten libres dentro de una organización que no ordena nada. Simplemente tenemos reglas y mecanismos compartidos y formamos un núcleo organizativo que crece con la voluntad de mejora diaria. Eso sí, no olvidemos nunca que cada ejercicio debe hacerse bajo la atenta mirada del entrenador que espolea y recompensa. Si queremos jugadores siempre conectados a la competición tenemos que lograr que hagan todas las acciones del entrenamiento al cien por cien. No vale dedicarse sólo a la táctica y técnica. También somos responsables de la actitud. Todo se entrena. Aquí, sí. Aquí imponemos intensidad en beneficio de la formación integral, también sin duda, emocional y competitiva.

6. Deporte o belicismo?

En cualquier deporte, el lenguaje está repleto de terminología bélica. Estamos condicionados por unos ímputs culturales que hay que superar a través de ser conscientes del cómo. Así pues, por ejemplo, no diremos que superamos enemigos sino adversarios. No disparamos a portería, sino chutamos. No nos defendemos de nadie, sino recuperamos. No atacamos, sino construimos. No tenemos instinto asesino ante portería, sino somos efectivos. Son sólo un grupo de ejemplos ampliables a tantos y tantos otros conceptos y que sirven para poner una mirada más humana al deporte. Un deporte que pueda moverse en parámetros de superación individual como herramienta para alcanzar objetivos colectivos. Siendo respetuosos en la victoria, rebajando euforias y celebraciones humillantes, y a la hora siendo motivadores en la derrota, arrinconando derrotismos hiperbólicos y bloqueadores.

7. Resultadismo o evolución del modelo de juego?

Los objetivos siempre deben diseñarse en función de la etapa competitiva del equipo o del jugador. La táctica colectiva que pretende robotizar desde orden para alcanzar resultados inmediatos es una metodología que puede jugar en contra del compromiso con la mejora individual. Incluso en los equipos de élite que transitan en el más puro y exigente resultadismo de corto plazo es importante establecer unos principios orientadores y creciendo practicándolos. Identificar y analizar si más allá del resultado se está yendo hacia dónde se quiere, es decir, si se reconoce tanto lo que se ve como lo que se pide. Si la ecuación es al revés, se corre el riesgo de ser injusto con la mejora del jugador. Esto también se puede aplicar en el hecho de especializarse de forma precoz, ya que puede suponer un agravio en etapas posteriores porque se pueden echar de menos recursos si el entrenador quería ganar antes de que formar y educar. En definitiva, la tarea de entrenador y la vocación para ejercerla siempre contempla matices.

Aquí sólo he expuesto estas 7 parejas de conceptos intentando desgranar una manera personal de entender esta vocación. Sólo se trata de una manera de mirar. Sin dogmas ni cátedras. Gracias a los amigos de “todoseentrena” por haberme permitido exponer las reflexiones de un entrenador enamorado de su trabajo y del hockey patines.

Eduard Castro y Junquera.

Entrenador del Barça Lassa de hockey patines.

19 septiembre, 2018

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